Cada semana alguien me escribe con la misma pregunta: cuánto cuesta un sitio web. La intención es razonable, la persona quiere saber si le alcanza el presupuesto. El problema es que un número sin alcance no ayuda a decidir. Sirve para comparar dos propuestas que casi nunca están cotizando lo mismo.
Por eso prefiero explicarle de qué depende el precio. Con eso usted puede leer cualquier cotización, la mía o la de otro, y saber qué está comprando.
Lo primero que se cotiza no es el sitio, es el alcance
Dos propuestas con precios muy distintos suelen describir proyectos distintos. Una incluye redacción de contenido y la otra asume que usted entrega los textos. Una contempla tres rondas de revisión y la otra no dice nada, lo que en la práctica significa cambios ilimitados hasta que alguien se cansa.
Antes de comparar números, compare alcances. Si las dos cotizaciones no listan lo mismo, la más barata no es más barata, es más corta.
Qué mueve el precio hacia arriba
- Contenido que todavía no existe. Escribir los textos, tomar fotografías o producir video es trabajo aparte del desarrollo. Es la partida que más se subestima.
- Integraciones con otros sistemas. Conectar con un sistema contable, un CRM o una pasarela de pago implica investigación, pruebas y manejo de errores que nadie ve pero que se pagan igual.
- Diseño a medida frente a un sistema ya probado. Una identidad visual propia, con animaciones e ilustraciones, cuesta más que adaptar componentes existentes. A veces lo vale, a veces no.
- Quién va a administrar el sitio. Que usted pueda editar sin depender de un desarrollador exige construir un panel o configurar un gestor de contenido. Es más trabajo al inicio y menos dependencia después.
- Cada idioma adicional. Multiplica el contenido, la navegación y el mantenimiento.
El costo no termina el día de la entrega
Esta es la parte que más sorpresas genera. Un sitio web no es una compra, es una operación. Después del desarrollo siguen el hosting, el dominio, los certificados, las actualizaciones de seguridad, las correcciones y la evolución natural del negocio: un servicio nuevo, una página de campaña, un formulario distinto.
A eso se le llama costo total de propiedad, y conviene presupuestarlo desde el primer día. Si una propuesta no menciona qué pasa después de la entrega, ese silencio también tiene precio.
Cuándo una plataforma existente es mejor que algo a medida
Desarrollar tecnología propia hay que justificarlo. Si una plataforma que ya existe cubre razonablemente la necesidad, tercerizar suele ser la mejor decisión: usted paga una mensualidad conocida y no carga con el mantenimiento.
El desarrollo a medida se justifica cuando el sitio forma parte del proceso operativo, cuando la plataforma existente le impone límites que le cuestan ventas, o cuando lo que construye se vuelve un activo del negocio. Reconozco el matiz: a medida no siempre es más caro a largo plazo, porque una mensualidad durante cinco años también suma. La pregunta no es cuál cuesta menos hoy, sino cuál le sale mejor en el horizonte en que va a usarlo.
Cinco preguntas antes de pedir una cotización
- ¿Qué incluye y qué no incluye el precio, en una lista concreta?
- ¿Hosting, dominio y mantenimiento están adentro o son costos aparte?
- ¿Cuántas rondas de revisión están contempladas?
- ¿Quién escribe los textos y toma las fotografías?
- ¿Qué pasa si en seis meses necesito agregar una página o una función?
Mi posición
No contrate al que le dé el número más bajo sin haberle preguntado nada, porque ese número lo van a corregir después. Contrate al que le haga preguntas incómodas antes de cotizar.
Y si al conversar concluyo que su necesidad la resuelve una plataforma que ya existe, se lo voy a decir aunque eso signifique no facturar el desarrollo. Prefiero una relación de años a venderle un sistema que dentro de un año no va a usar.
Si quiere un número real para su caso, escríbame por el formulario de contacto y conversamos sobre el alcance antes de hablar de precio.